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¿Pueden las malas personas ser buenos jueces?

Durante el desarrollo de la Especialidad en Redacción Expositiva y Argumentativa de las Decisiones Judiciales en la Escuela Nacional de la Judicatura, tuve la oportunidad de desarrollar un trabajo académico fundado en el texto de Jorge Malem Seña, titulado “¿Pueden las malas personas ser buenos jueces?” en donde se nos pidió no sólo una simple paráfrasis de lo manifestado por el autor, sino una reflexión o análisis orientado desde la experiencia personal en el ámbito judicial. Para este trabajo de Ética Judicial el enfoque principal era determinar si los Códigos de Ética Judicial eran realmente útiles, ya que de afirmar positivamente que una mala persona puede ser un buen juez, estos instrumentos carecen de sentido práctico. Este no es un tema con respuestas cerradas, considerando que los tribunales alemanes, con una larga tradición ganada en seriedad y confiabilidad carecen de todo código ético; en contraste, los jueces norteamericanos, que conservan igualmente un buen crédito, tienen reglas de comportamiento ético. En el entendido de que no estamos ni en Estados Unidos ni en Alemania, sino en República Dominicana, este fue mi humilde aporte.


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Diferencia entre ética y moral [Ensayo académico]

El presente es un ensayo académico realizado con motivo al curso “Ética Judicial” impartido como parte de la Especialidad en Redacción Expositiva y Argumentativa de las Decisiones Judiciales en la Escuela Nacional de la Judicatura y dirigida por el Dr. Armando Andruet, durante el período 2013-2014. Espero las más severas críticas, tal cual también pude recibirlas en su momento por el docente. 

1. ¿Cuál es la diferencia entre la ética y la moral?
Etimológicamente, la palabra moral proviene del latín mos que significa hábito o costumbre. Este significado tiene alto parecido con la raíz etimológica de la palabra ética, que proviene del vocablo griego ethos, el cual en un sentido lato, se traduce a costumbre, como además hábitat, domicilio, vivienda, morada; sugiriéndose así que cuando hablamos del ethos, nos referimos tanto a un factor endógeno, como además un valor agregado, que por el arte de la constancia y la repetición se convierte en virtud.

A pesar de la similitud entre ambos conceptos, cuando nos referimos a la ética hablamos sobre la tematización y la moral como lo tematizado. En efecto, convencionalmente se alude al concepto de moral cuando nos referimos a ese conjunto de criterios que rigen nuestra ideología personal, en donde todo ser humano que haya estudiado o no ética, protagoniza su existencia moral y posee una escala personal de valores con las que toma (y deja de tomar) decisiones importantes en su vida. Por otra parte, cuando nos referimos a la ética, se alude una reflexión sistemática y críticamente elaborada en cuanto a los valores. Una gran diferencia entre la ética y la moral es que la primera, específicamente la ética normativa, se erige en un saber científico, desprovisto de gustos, deseos y aversiones personales, al poder conducir ésta al verdadero conocimiento.

A mi consideración personal: Entre la ética y la moral, más que diferencias, lo que existen es una conexión indisoluble, en donde la moral sirve como punto de partida para la ética, cuya labor de tematización va desde un aspecto normativo (fundamentar las normas, o cuestionar presuntas fundamentaciones) a un aspecto reflexivo (tratar de determinar el mejor sentido y alcance de las consideraciones morales).

2. A partir de esta diferencia, ¿qué importancia se advierte para la ética judicial?
Cuando hablamos de ética judicial, debemos tomar en cuenta la facticidad normativa que a rodea a la ética (que no necesariamente se encuentra en la moral), en donde el legislador convierte las obligaciones morales en normas jurídicas con carácter específico e idóneo para el juzgador, a quien por su investidura se le exige una conducta ética especial más allá del ciudadano común. Esta ética normativa viene precisamente orientada en la visión de un juez ideal, y tiene un fundamento deontológico encontrado en la moral. Sin embargo, y como hemos visto, la consideración moral particular de una persona no necesariamente debe corresponderse completamente con las concepciones establecidas dentro de la ética; se dan entonces casos donde la exigencia ética judicial puede chocar con una ideología moral particular del juzgador.

La importancia de advertir esto, en palabras del profesor Ricardo Maliandi, “la ética normativa se hace necesaria porque el hombre, junto a su saber moral, tiene también la tendencia a engañarse a sí mismo.

3. ¿Cuáles serían dos elementos característicos de la razón práctica?
La razón práctica, conforme al concepto Aristotélico, es una modalidad de investigación racional que se aparta del modelo de ciencias teóricas, en donde su objeto son las cosas y las acciones humanas, las cosas que hay que hacer (praktá). Esta ciencia práctica, conforme a su Etica a Nicómaco, tiene el objeto de proporcionar a los hombres creencias verdaderas sobre lo que deben buscar y a lo que deben rehuir: “El objeto de las ciencias prácticas, como es el caso de la ética, es la búsqueda de la verdad, de una práctica, con el objetivo de proporcionar a los hombres creencias verdaderas sobre lo que deben buscar y lo que deben rehuir, y también motivos para que busquen y rehuyan de verdad” .

De la definición aristotélica de la razón práctica, surge como elemento característico de la misma su especificidad, que implica articular la regla recta y el deseo justo, concibe tanto los medios imprescindibles para alcanzar ciertos fines, sino además permite reflexionar sobre los fines de la acción, analizar sus componentes y reconocerlo como bienes dentro de un sistema de valores.

Otra característica que se extrae es su aspecto dialéctico o dialógico, en tanto que tratándose de un saber práctico, no se trata de una demostración frente a un argumento lógico-formal, sino más bien una investigación racional sobre la cual debe prevalecer una actitud crítica.

Atm

La importancia de la motivación no-judicial

Es bien sabido que uno de los deberes de toda autoridad judicial es la necesidad de que éstos motiven sus decisiones judiciales (artículos 40.1, 69 y 74 Constitución; artículo 24 del CPP; artículo 141 del C. Pr. Civil; Resolución 1920-2003 de la SCJ; etc.), siendo incluso un principio ético la obligación de motivar, en tanto que así demuestran que sus decisiones no han sido un acto de arbitrariedad.

Ahora bien, ¿Son los jueces los únicos que toman decisiones en que ponen en juego los derechos fundamentales de partes y terceros en una disputa? ¿No se requiere además que las demás autoridades estatales motiven sus decisiones? 

Si nos enfocamos en el deber-ser, motivar no debe ser una labor exclusiva del foro judicial, tomando en cuenta que –como hemos visto en foros anteriores- la motivación judicial encuentra su razón de ser en nuestra condición de Estado Democrático de Derecho, en donde nadie está por encima de la ley ni de sus semejantes, salvo condiciones especiales perfectamente justificadas. Es decir, quien motiva una decisión, logra al menos convencer que la misma no es arbitraria.

En ese tenor, no tan sólo los jueces toman decisiones que trastocan derechos fundamentales; también quien decide construir una carretera por encima de una propiedad privada, cuando se programa un horario tope para los negocios expender bebidas alcohólicas, o a la de aprobar un presupuesto nacional. El valerse solamente del argumento de autoridad para legitimar estas decisiones (y que quienes tienen el control en las manos fueron electos popularmente) es ignorar las debilidades de nuestro sistema democrático y confundir la autoridad conferida por ley con la persona que debe hacer honor a esa responsabilidad. La única forma de garantizar que sus acciones fueron un acto de responsabilidad y no de abuso de poder es si contamos con alguna justificación (aunque sea implícita) de por qué tomaron X decisión al respecto. Por ello incluso las leyes especiales contemporáneas vienen con una parte considerativa, e incluso con una cartilla de principios que sirven de norte para el contenido íntegro del texto.

Atienza, en su obra “Las Razones del Derecho”, refiere a un escenario interesante de la argumentación jurídica: las fases pre-legislativa y legislativa. La primera se produce como consecuencia de la aparición de un problema social cuya solución puede ser la adopción de una medida legislativa, como sería el caso de la despenalización del aborto, o el aumento de penas para los menores de edad. Estos trabajos preparatorios (que correctamente realizados, conllevan una serie de seminarios, intercambios con representantes de la sociedad civil, surveys, en fin… un diálogo abierto con la sociedad) constituyen el material político y moral con el que se pueden crear mejores leyes, que no surgen de la mano invisible de un legislador tildado de “sabio”, sino de una democracia pensante que permite nuestro avance como sociedad.

De todo esto concluimos que la argumentación de la decisión quizás sea una obligación normativa y directa para la autoridad judicial (así lo mandan expresamente las leyes especiales), pero constituye un deber político-moral de toda autoridad estatal que sus acciones tengan un aval en la razón, en tanto que se constituyen en precedentes que determinan la mejoría o empeoramiento de nuestro Estado de Derecho.

Feliz Domingo a tod@s,

Atm

Discurso ofrecido por la Mag. Ana Milady Hernández @ Dia del Poder Judicial 2014 en Nagua

Jueces en el Dia del Poder Judicial en MTS

Jueces en el Dia del Poder Judicial en MTS

En ocasión a los actos del Poder Judicial, la magistrada Ana Milady Hernández, Juez del Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original de María Trinidad Sánchez y encargada de la coordinación local, tuvo en sus manos la encomienda del discurso a ofrecer en este solemne día. Luego de finalizada su exposición, me atreví a solicitarle una copia, a la vez que permiso para reproducirlo oportunamente. He aquí sus palabras, que he dejado intactas, porque desde el asiento en que tuve la oportunidad de escucharlas, considero que salieron del corazón: 

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La confianza pública en la justicia dominicana [ensayo académico]

A la sazón de un ensayo académico para la asignatura de Ética Judicial, en la Especialidad que actualmente estoy cursando sobre Redacción Expositiva y Argumentativa de las Decisiones judiciales en la Escuela Nacional de la Judicatura; se me ha pedido redactar un breve ensayo sobre la confianza pública como elemento importante en la administración de justicia. En concreto, para el ensayo a redactar se han pedido los siguientes requisitos:

1.- Analizar el concepto de ‘confianza pública’, como eje principal para el servicio adecuado de la administración de justicia.

2.- Reconocer qué rol y de qué manera se ocupa de ella el Código de Comportamiento Ético.

3.- Reflexionar y hacer una propuesta que aporte a dicho fortalecimiento podría cumplirse.

A continuación el desarrollo de mi esfuerzo académico, tratando de responder las preguntas antes expuestas con una mezcla del deber-ser inherente a toda autoridad judicial, frente a la realidad social y jurídica que enfrenta un país como el nuestro. Asimismo, se me ha pedido que el ensayo no sobrepase un límite de 800 palabras, así que les prometo, tal y como prometí al profesor de la materia, brevedad:

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