Letrado 21

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“Cualquier mujer que aspira a ser igual que un hombre, carece de ambiciones”

Ayer 8 de marzo se celebraba “El Día Internacional  de la Mujer”, y la frase con la que se titula esta publicación es un tema recurrente que posteo en FB cada año, y nunca se queda sin reacciones mixtas. Esta vez no fue diferente, cuando se me ha acusado al mismo tiempo de misógino y de maltratar a mi propio género masculino (¿?). Como siempre, la idea es exactamente provocar un debate sobre la equidad de género en nuestra sociedad, y cómo ésta se confunde con igualdad, al punto de que, igual que los movimientos revolucionarios de 1844, aun cuando el enemigo es el mismo, los aliados no parecen ponerse de acuerdo.

equidad-de-genero.jpgEn sentido general, se confunde sexo con género, roles con propiedades anatómicas y fisiológicas, pero sobre todo, igualdad con equidad. Tener que explicar una frase (o al menos el significado y alcance que personalmente le doy) es una labor deconstructiva tosca y sin sentido, propio de quien quisiera poner en orden la obra “Rayuela” de Cortázar, o la película “Pulp Fiction” de Tarantino, pero en vista de que los errores conceptuales dificultan la comunicación, y en consecuencia, el debate, quisiera explorar mi tesis paso por paso… dando finalmente oportunidad a una réplica acabada con la que puedan acabarme. Ahí vamos:

p0151.- Sexo y género no es lo mismo. Una cosa son las propiedades físicas de la persona y otra los tabúes culturales que insertan del hombre y la mujer (los colores para los niños, que los niños juegan con soldados y las niñas con muñecas, etc.). Lo primero es biológico y lo segundo cultural.

2.- Es indudable que nuestras sociedades son androcéntricas. Este dominio masculino opera tanto para lo bueno como lo malo: Los hombres suelen ser más descuidados con los asuntos domésticos, hay una mayor tasa de criminalidad en el género masculino que en el femenino, menos hombres se integran a la universidad que las mujeres. En otras palabras, no todo renglón en que el hombre lidere es realmente un “logro”; uno de esos es la música urbana, un género caracterizado por artistas predominantemente masculinos que transmiten un mensaje nocivo en sus canciones (al menos la mayoría).

3.- A medida que la sociedad va evolucionando, la mujer ha venido asumiendo un rol más participativo de la sociedad. Este avance se ha visto de lentamente, pero a pasos seguros y firmes, viéndose a la mujer con una participación activa en la política, en los medios sociales, y por qué no, en el susodicho género urbano.

4.- El problema surge cuando el deseo de “igualarse” se reduce a hacer lo mismo que hace el hombre, como si todas las actitudes masculinas fueran el parámetro a seguir en la sociedad; que como hay artistas masculinos en el dembow con nombres de canciones que ni puedo mencionar en este post, también hay artistas femeninas haciendo exactamente lo mismo, en nombre de la “igualdad”. Esto se agrava al momento en que, cuando fluye la crítica hacia una canción obscena y vulgar, aparezca una defensa mal llamada ‘feminista’ (favor notar las comillas) en apoyo directo o indirecto de la artista en cuestión; un apoyo idéntico al que acude quien hace plagio en un trabajo de tesis o quien se fija del compañero en un examen: Que sus demás compañeros también lo están haciendo.

5.- ¿Pero no es una actitud hipócrita satanizar producciones femeninas como vulgares, cuando su contraparte masculina hace exactamente lo mismo? Ciertamente se puede argumentar eso, que a nuestra sociedad le hace falta un verdadero voto de rechazo a estas producciones que se encargan, entre otras cosas, de promover un mensaje de cosificación sexual de la mujer. Pero finalmente, en términos puramente feministas, ese tipo de ¿obras de arte? tanto de un lado como del otro promueven dicha cosificación… y el hecho de que una cantante femenina se preste a ese juego agrava la situación, ya que le da un visto bueno a esas prácticas misóginas, en su condición de mujer. Se agrava entonces aún más, cuando sectores mal denominados ‘feministas’ (note nuevamente las comillas), le den un respaldo moral despistado y contraproducente.

6.- ¿Qué sería lo correcto? Lo correcto, lo ideal y lo perfecto sería que no existan canciones en donde las mujeres se identifiquen con un pedazo de carne. Pero están ahí y se pegan, al punto que uno la canta de forma subconsciente. Lo menos perfecto, pero igualmente perfecto sería que exista un repudio generalizado a ese tipo de ¿producciones artísticas? En donde se cosifica sexualmente a la mujer, y sin embargo, no parece existir voluntad de la propia población (salvo notorias excepciones) de que ese tipo de canciones dejen de sonar, porque precisamente eso es lo que se vende y eso es lo que se baila.

Finalmente, lo mínimamente correcto que se puede pedir en esta sociedad es que las mujeres, siendo el blanco principal de la cosificación sexual, se empoderen como mayoría repudiando todo este ¿arte? con el que se le denigra en la sociedad. Y sin embargo, al *igual* que los hombres, hay todo un público femenino que gusta de esas canciones, compran el producto, las bailan en la discoteca, promoviendo así el mensaje de la misma canción a terceros, que también se dejaran enganchar por lo pegajosa de la canción, y así ad-infinitum.

7.- Sobre el ‘feminismo’ (Y por qué las comillas). Estas comillas vienen por la dificultad de definir este concepto, en vista de la cantidad de grupos divergentes en opiniones y filosofía que se autodenominan feministas, y sobre todo, cuando la versión más aceptable y racional de este movimiento (léase la que promueve la EQUIDAD –no la igualdad– de género), es con la que me identifico totalmente, excepto en el nombre [1]. Sin embargo, dentro del label “feminismo” se encasillan muchos grupos que promueven, más bien, una especie de igualitarismo absoluto, lo que ni siquiera es posible con hermanos gemelos. Este ‘feminismo irracional’ entiende erróneamente que equilibrar la balanza es darle el visto bueno a todo lo que una mujer haga, siempre que el hombre también lo haga. Con esto no se hace camino, con esto se polariza todo debate o toda situación en una cuestión “hombres vs mujeres”, y convierten las luchas de problemas reales en una parodia de sí misma.

Por el contrario, un ‘feminismo racional’, preocupado por los problemas latentes de una sociedad como la nuestra que no se respeta a cabalidad la condición de persona con derechos que tiene la mujer en la misma, pone en relieve lo difícil que es ser mujer en una sociedad y echar hacia adelante. Vivimos en una sociedad que te juzga por tu apariencia, por tu buena presencia (así incluso la piden en los clasificados para los puestos de trabajo), y en donde se asume que el progreso y la superación se ha debido a un intercambio de favores sexuales. Frente a este paradigma social, tenemos mujeres de trabajo, de valor, que han cargado una carreta con el doble de peso que su contraparte masculina y la han llevado con dignidad hacia su meta. Personas que han sabido sostener un hogar, un espacio de trabajo y un ambiente de amistad sin automercadearse sexualmente para subsistir. Este, el verdadero feminismo, promueve que esa carreta no vaya tan cargada para que más mujeres puedan llegar a la meta, sin preocuparse tanto por identificar al hombre como su contrincante. Este verdadero feminismo no anda apoyando vagabunderías en nombre de la persona femenina que se preste para ellas; no anda colocando a todas las mujeres en un mismo plano horizontal, precisamente porque ni los hombres son iguales a las mujeres, ni las mujeres son iguales entre ellas, de la misma forma en que los hombres no son iguales entre ellos.

8.- Recapitulando: ¿Por qué la mujer que aspira a ser igual que un hombre, carece de ambiciones? Porque biológicamente nunca lo será, y no es algo que constituya realmente un logro. Son cuerpos diferentes o fisiologías diferentes que no hacen a una respecto del otro ni inferior ni superior. La pretensión de una mujer ser igual a un hombre es tan efectiva como la de una manzana ser igual a una pera.

Porque culturalmente todavía existen barreras en la sociedad, y realmente existen preferencias respecto a la contraparte masculina. Pero aquí el objetivo no es el hombre, aquí el objetivo es la sociedad misma. El objetivo de líderes afroamericanos como Martin Luther King Jr. y Malcolm X no fue el “igualarse” a sus contrapartes de color caucásico, sino que como de por sí eran iguales ante la ley, la sociedad debía contemplar un régimen de oportunidades equitativas para toda persona, independientemente de su color de piel. De esa misma manera, Susan B. Anthony no fue a ejercer su derecho al sufragio vestida en ropajes masculinos, sino que fue a votar imponiéndose a la legislación que prohibía a las mujeres de participar en política. Ella no quería ser igual que los hombres, sino que quería un trato equitativo en la sociedad; en sus propias palabras: “I wasn’t ready to vote, didn’t want to vote, but I did want equal pay for equal work”.

Hoy en día vivimos en un mundo liderado por hombres y mujeres, e igualmente contamos con gente que no han hecho gran aporte a la sociedad, tanto hombres como mujeres. De esto se extrae que la masculinidad no es símbolo de superioridad, como tampoco lo es la feminidad. Hay presidentes hombres y presidentas mujeres, como también criminales hombres y criminales mujeres. El peligro de la noción de igualdad con la que se quiere enfrentar la discriminación de género es el de colocar en un mismo plano a Susan B. Anthony con el de Aileen Wuornos, a Dilma Rousseff con Silvio Berlusconi, a un José Francisco Peña Gómez con La Materialista. Distinguiendo claramente que cada persona es diferente, pero a su vez merece un trato equitativo en la sociedad, es que promovemos de la mejor manera los valores del verdadero feminismo en la sociedad.

Feliz Día Internacional de la Mujer (que fue ayer, y lo sigue siendo hoy).

 

Atm

[1] A pesar de apoyar el 100% de lo que el feminismo predica, no me denomino feminista precisamente porque entiendo que es un mal nombre para el movimiento (pero esta es mi opinión particular)


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