Letrado 21

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Día del Poder Judicial en María Trinidad Sánchez

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Tal cual se establece en el párrafo único de artículo 40 de la ley 327-98 sobre Carrera Judicial, así como el artículo 144 del Reglamento de la Carrera Judicial, el día 7 de enero se conmemora como “Día del Poder Judicial”, celebrándose para tales fines tres  actos importantes:

1.- Misa de Acción de Gracias, llevada a cabo en el santuario “Nuestra Señora de la La Altagracia”;

2.- Ofrenda Floral, llevado a cabo en el parque Central de esta ciudad de Nagua, específicamente donde el prócer en el busto de nuestro prócer Juan Pablo Duarte; y

3.- Audiencia Solemne, efectuada en el salón de audiencias de la Cámara Penal del palacio de justicia de la ciudad y municipio de Nagua, en donde se llevó a cabo una rendición de cuentas de las labores judiciales durante el año 2015 en esta provincia María Trinidad Sánchez, como también la rendición de cuentas del Ministerio Público.

Para esta oportunidad también se agregaron dos importantes elementos: Por un lado, la juramentación del presidente entrante de la seccional María Trinidad Sánchez del Colegio de Abogados de la República Dominicana, Lic. Danny Damián, conjuntamente con su directiva; por otro lado, se realizó brevemente un acto conmemorativo al Dr. Héctor Antonio Quiñones Marty, por sus aportes y su desempeño en calidad de Juez de Primera Instancia en esta provincia María Trinidad Sánchez, quien desarrolló una exitosa y ejemplar carrera judicial a través de su consagración y honestidad en el desarrollo de sus funciones, contribuyendo con una imagen positiva a la Judicatura Dominicana.

A continuación el discurso central de la audiencia solemne a cargo de mi persona, Magistrado Luis Adriano Taveras Marte, Juez titular del Juzgado de Paz del municipio de Nagua, que para esa actividad fungía como juez coordinador de estas actividades:

“Buenos días,
– Distinguidas autoridades civiles y militares presentes,
– Honorables Jueces de Primera Instancia y de Paz presentes el día de hoy,
– Distinguidos abogados y abogadas que conforman la comunidad jurídica de esta provincia María Trinidad Sánchez, y por supuesto…
– Distinguidos miembros de la prensa,
– Demás miembros de la sociedad civil, público presente,
– A todos ustedes,

Buenos días.

Para este día 7 de enero del año 2015 se me ha encomendado una labor, que es para mí un verdadero honor y una delicada responsabilidad, de dar las palabras centrales en estos actos en conmemoración al Día del Poder Judicial. Esta labor la considero un honor, porque quien habla no se considera ni mejor persona ni el más indicado para brindar un panorama acertado sobre el rol de la justicia dominicana en el pasado, en el presente y hacia el futuro… ya que de aquí cualquiera de mis pares, muchos que me superan en pericia y en experiencia,  podría brindar una imagen más nítida de lo que ha sido el desarrollo del Poder Judicial de lo que apenas puedo ofrecer este servidor desde este humilde sitial. Por lo anterior considero esta encomienda como una responsabilidad, porque se debe brindar un mensaje lleno de optimismo, que permita perpetuar la confianza que se deposita constantemente en la justicia –tanto desde afuera como desde adentro–… pero además debe ser un mensaje sincero, que refleje la realidad tal cual es, y no la realidad tal cual queramos que sea.

Como punto de partida, ¿por qué hoy? ¿Qué hace tan especial este día para que estemos todos aquí convocados celebrando el día del Poder Judicial?

Más que un mandato de la ley de carrera judicial, el día de hoy tiene un trasfondo histórico, ya que anterior a este texto normativo, el Poder Judicial entraba en vacaciones colectivas desde finales de diciembre a inicios de enero, siendo este día 7 un evento anual de reinicio de las labores judiciales. Hoy en día, en donde contamos con jurisdicciones emergentes como la oficina de servicios judiciales de atención permanente, con demandas en referimiento, acciones de amparo, medidas precautorias y demandas provisionales… pero más importante aún, hoy en día, donde se demanda constantemente la necesidad de una intervención de la justicia en los innumerables conflictos que surgen en la sociedad… la idea de que la justicia pueda ser interrumpida tan sólo un instante suena hasta risible. De esta pequeña cápsula informativa, sin aparente relevancia, lo que queremos destacar es que el 7 de enero, se conmemora algo más que el cumpleaños del Poder judicial, algo más que una obligación legal, algo más que una tradición que ya lleva 16 años a la fecha, y algo más que una práctica anterior superada… este día es un testimonio anual de qué tan necesario es para nuestra sociedad… que haya un sistema de justicia.

En efecto, la mera interrupción de los servicios judiciales de tan sólo un día, aún de asueto, se constituye en un verdadero trauma a la sociedad, siendo el correcto funcionamiento del aparato de justicia una barrera entre el control y la anarquía, entre la tiranía y la democracia, entre los abusos que pasan impunes e indemnes… y la debida reivindicación al daño ocasionado, entre una sociedad organizada y una selva en donde, en las palabras de Hobbes, el “hombre sea el lobo del hombre”. En definitiva, la existencia de un sistema de justicia, desde los distintos órdenes (civil, comercial, penal, laboral, demás…) es lo que realmente mantiene a raya nuestras más primitivas pasiones, en la que queremos fabricar nuestra propia versión de la justicia. En definitiva, la justicia es vital para el funcionamiento de la sociedad. Prueba de ello es el mismo día de hoy, no tan sólo por la presencia de ustedes que atestiguan lo importante que es la justicia, sino además porque paralelamente hoy la oficina de servicios judiciales de atención permanente se encuentra en funcionamiento ante cualquier eventualidad, probando de esta manera que aún el día de la justicia, la justicia no toma descanso.

Lo que antes he referido jamás implica que cualquier cosa a la que llamemos “sistema de justicia” pueda realmente considerarse como uno. De ser así, cometeríamos el pecado de reconocer como justicia aquella que se imparte en los gobiernos de facto que han surgido en todos los momentos y operado en todas las regiones. No se trata solamente de la estructura, sino de los pilares en que ésta se sustenta, que son -por supuesto- los principios y valores morales de cada uno de los actores que intervienen en su funcionamiento, desde el mensajero hasta quien preside la Suprema Corte de Justicia; una estructura es tan sólida como su eslabón más débil, y a esta realidad no escapa el sector judicial.

Para que podamos hablar de un sistema de justicia se necesita mantener siempre en alto la integridad, conservar para cada situación un toque necesario de prudencia, se debe ser diligente y laborioso con cada una de las asignaciones conferidas por la ley, pero sobre todo, se necesita que la justicia sea un poder del Estado imparcial e independiente, tanto de las injerencias externas como de las internas que pudieren ocurrir. Estos valores resulta más fácil predicarlos que ponerlos en práctica, porque plasmarlos en un papel o enunciarlos en una alocución simplemente sirve para intentar describirlos, pero convertirlos en realidad requiere de un ejercicio constante de autoanálisis por cada uno de nosotros, como también de un encuentro dialéctico entre jueces y abogados, entre abogados y jueces, entre jueces y fiscales, entre fiscales y abogados, entre todos los servidores públicos y la sociedad civil que vive en constante observación de nuestro actuar.

En definitiva, esto constituye un modelo ideal de cómo debe operar el sistema de justicia; sin embargo, hacer una comparación de lo ideal a lo real implica destacar serias diferencias:

Queremos un sistema sólido y autosuficiente en la justicia… más sin embargo, enfrentamos diariamente dificultades presupuestarias y vicisitudes propias de vivir en un país tercermundista.

Queremos un sistema en donde opere el dialogo interinstitucional para que mejoremos nuestro actuar cada día… más sin embargo, diariamente vemos las múltiples fricciones existentes entre los distintos sectores que conforman la justicia dominicana;

Queremos una justicia independiente, más sin embargo, vivimos en un país plagado por el germen de la política partidaria, que todo lo contamina y todo lo corroe, y desde este sitial se me hace imposible afirmar que la justicia dominicana este impoluta ante esta situación;

Queremos una justicia imparcial, más sin embargo, vemos cómo sectores poderosos influyen en que se aprueben y hagan valer leyes y prácticas en beneficio de un sector acomodado y en detrimento de un sector ya empobrecido. Para prueba de esto, un aforismo francés que reza: “El Derecho civil sirve para garantizar que los ricos roben a los pobres… y el Derecho Penal sirve para impedir que los pobres roben a los ricos”.

Queremos una justicia acertada, más sin embargo, la misma se conforma por elementos humanos… hombres y mujeres que aunque tengan una función y una responsabilidad divina, no tienen en sus manos la perfección que sólo tiene nuestro creador Dios todopoderoso.

Lo ideal es un valor absoluto, la realidad es un camino que hay que recorrer diario tratando de llegar a ese valor absoluto. Y hoy por hoy, ese camino se ve sumamente minado por la imagen pública que ha recibido la justicia dominicana estos días… casos que diariamente ponen la integridad de los servidores públicos en tela de juicio… casos que desbordan en los medios de comunicación y a los cuales resulta imposible vivir en sociedad sin referirse a ellos. Cada día, parecería que la lucha por una mejor justicia se ve como un esfuerzo en vano.

Sin embargo, esta realidad, por funesta que pueda parecer, jamás puede demoler el espíritu de lucha, el temple necesario, la constancia diaria, la satisfacción de corazón de cada día hombres y mujeres que conforman este sector de la justicia, no sólo jueces y juezas, sino además fiscales y defensores públicos, abogados y abogadas, secretarios y secretarias, oficinistas y personal de limpieza, damos el 150% para mantener esta estructura de pie con los buenos valores que sólo pueden ser enseñados desde el seno del hogar.

Así como hay malas noticias, también hay buenas cosas que deben destacarse. Así como hay funcionarios judiciales que hoy por hoy le son cuestionada su integridad, hay todo un colectivo judicial con una conducta intachable e impoluta a los que con orgullo me refiero como mis estimados colegas. Aun cuando se refiera a vicisitudes dentro de los distintos tribunales, también se debe reconocer la encomiable labor de todo un cuerpo de trabajo que hacen un esfuerzo extra, sacrificando hasta su salud física, para dar el mejor de los servicios a los usuarios. Aun cuando se quiera crear una situación de conflicto entre los distintos componentes de la justicia, hoy estamos aquí representantes de todas las dependencias judiciales, con el ánimo de iniciar este 2016 con el mejor pie.

Hoy, aunque se vea todo el panorama nublado, existe la garantía de una estructura sólida fielmente representada en esta provincia de María Trinidad Sánchez.

Lo lamentable es que lo bueno casi nunca reluce, porque las mejores acciones y los mejores momentos de la justicia se llevan de forma anónima, sin mucha trascendencia. Y aun con el mejor esfuerzo para mejorar las jurisdicciones civiles, penales, inmobiliarias y especializadas, ese esfuerzo nunca será suficiente… y esto es normal, porque en la medida en que la sociedad vaya en constante evolución, siempre demandará mayores respuestas a sus conflictos, mejores resultados y de manera más oportuna, en tanto que la justicia que se imparte tardíamente no es justicia.

Hoy por hoy no puede afirmarse de manera categórica que las metas pautadas para el mejoramiento de la justicia han sido superadas… más sí puedo informarles que cada día estamos trabajando en ello, explotando cada recurso material y humano posible para brindar el mejor y más óptimo servicio… Y es éste un problema importante, ya que este sistema de justicia al que hemos referido como “ideal” no es por ello irrealizable… y puede perfectamente lograrse si tan solo existe el empeño necesario en que así se logre. Lo que sucede es que estos logros no son estáticos, no vienen de manera automática. Estos logros son, han sido y siempre serán el producto de una lucha desde todos los sectores para que las cosas mejoren cada día. Esta no es sólo una lucha del “sector justicia” para mejorar la justicia… ésta es una lucha de toda la sociedad, que va desde las críticas constructivas que se realizan a las condiciones de trabajo de los tribunales hasta las denuncias formales y serias que se hacen cuando el desempeño de una dependencia del Poder Judicial no se ajusta a los principios éticos que debe respetar.

Y es que las críticas constructivas, las denuncias, pero además la integración positiva para que todos en nuestro desempeño hagamos las cosas cada día mejor es parte del ideal de que “el todo es más importante que cada una de sus partes”.

Para este discurso quisiera llevar una pregunta a la reflexión de todos nosotros y es: ¿Qué clase de justicia es la que queremos que funcione en República Dominicana? ¿Queremos acaso un traje a la medida que nos funcione solo a nosotros cada vez que nos lo pongamos? ¿O es preferible un estándar general y democrático, en donde la justicia es igual para todos… Sin importar de donde vengan? ¿Acaso es preferible una justicia contaminada por la política y por la corrupción administrativa…. O es preferible una justicia por jueces imparciales e independientes? ¿Estamos en la disposición de desmantelar la justicia y que volvamos a un estado natural de anarquía… O se prefiere mejor elevar el estándar de la justicia dominicana? Obviamente que hemos de contestar siempre esas preguntas anteponiendo lo bueno sobre lo malo…. Pero entonces cabe preguntar: ¿qué parte hemos puesto para mejorar la justicia dominicana?

Hoy refiero a esta actitud, reconociendo que María Trinidad Sánchez es una jurisdicción muy especial en el sentido positivo, donde los actores del sistema (jueces, fiscales, abogados, policías, y la misma sociedad civil) pueden todos sentarse en una misma mesa a comer sin que tenga que mediar un conflicto, y esto es gracias a que somos una comunidad pequeña donde todos nos conocemos por nuestro nombre de pila y todos estamos al tanto de la doble vida funcional que representa ser, por un lado humano con debilidades y fortalezas, y por el otro lado servidor público que se debe al cumplimiento de la ley. Hoy refiero a esta actitud porque este parámetro no es igual en todas partes, en donde contrario a esta actitud, lo que se vive es una guerra fría entre los distintos sectores. Esto no contribuye a mejorar las cosas, sólo las empeora. Porque sin una comunicación efectiva entre todas las partes, hablando el mismo idioma, podrán lograrse todos los objetivos que se quiera en la justicia, pero no lograran trascender y reflejarse asimismo en el sentir de la sociedad.

Quisiera cerrar esta participación tomando las palabras de nuestro presidente Mariano Germán Mejía, cuando en el Discurso ofrecido en el Día del Poder Judicial en el año 2012, en donde subraya que “…esta Suprema Corte de Justicia invita a quienes se sientan cansados moralmente a abandonar al Poder Judicial”; al día de hoy les invito a todos los miembros del Poder Judicial dentro de esta jurisdicción, así como a toda la sociedad, que no se cansen ni desmayen… que depositen su fe en la justicia, pero que ésta no sea una fe ciega, sino más bien una fe crítica y racional… donde siempre cuestionemos el actuar de cada servidor público, pero manteniendo el respeto, el decoro y la altura de su persona y respetando la importancia de su investidura… y sobre todo… con una actitud dispuesta a que cada día mejoremos hasta finalmente, con la ayuda de nuestro Dios padre todopoderoso, llegar a la tierra prometida, que es la de una justicia plenamente imparcial, independiente, íntegra y autosuficiente.
Muchas gracias. 

Nota: El discurso aquí plasmado es fiel y conforme a como fue manifestado en la audiencia solemne, por lo que quisiera agradecer las acotaciones posteriores hechas por el Lic. Benjamín Rodríguez Carpio, quien explica corrigiendo esta parte del discurso, que el 7 de enero no fue instituido como Día del Poder Judicial por ley 327 de 1998 sobre Carrera Judicial, sino por ley 5780 de 1961 que a su vez derogó la ley 760 de 1944, que lo había fijado 9 de enero.


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