Letrado 21

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Los Hechos y los Actos Jurídicos (I)

Una necesaria distinción.

Al iniciar un estudio exhaustivo de los temas propios del Derecho privado, específicamente en el área civil, considero que es oportuno iniciar por sus fuentes; con esto último nos referimos a aquellos hechos o aquellos actos de los cuales el ordenamiento jurídico hace depender la producción de normas jurídicas (BOBBIO, p.160). En esencia, es a través de “los actos y los hechos jurídicos” por medio los cuales podemos determinar qué constituye Derecho y de qué manera. Esta es una realidad sumamente tangible en el área civil, una fracción del Derecho tan vasta y extensa como la imaginación y la creatividad del ser humano en sus relaciones sociales. Por las fuentes del Derecho privado es que podemos clasificar si estamos frente a un contrato, a una prescripción legal específica, a un delito, etc.

De la definición antes expuesta se extrae entonces una importante clasificación: actos y hechos jurídicos; y pudiéramos adelantarnos y establecer que su principal diferencia es que los primeros emanan de la voluntad del hombre y los segundos no, empero esta distinción puede presentar serias dificultades sin una correcta explicación, al punto que pudiéramos preguntarnos: ¿Acaso los actos jurídicos no son hechos jurídicos? ¿Se puede considerar el delito un acto jurídico, si existe la voluntad del agente infractor de perpetrarlo? ¿Los cuasicontratos son actos o hechos jurídicos? Las presentes líneas están destinadas a intentar una delimitación, para mayor comprensión de las fuentes del Derecho privado.

Acudimos entonces al concepto primitivo: El hecho jurídico. Decimos primitivo ya que esta palabra en su sentido más amplio puede abarcar los actos jurídicos; por aquí podemos empezar a despejar una de las primeras confusiones ya que el acto jurídico es a su vez una subespecie del hecho jurídico (latu sensu) y un concepto opuesto al hecho jurídico (strictu sensu).

El hecho jurídico (latu sensu) es todo evento natural o del comportamiento humano al que se le atribuye una consecuencia jurídica, y éste no debe confundirse con el “supuesto de hecho”: mientras el supuesto es la hipótesis planteada por una norma que verificada acarrea una consecuencia jurídica, el hecho es la verificación de dicha hipótesis. Por ello, si una persona alcanza los 18 años de edad, se le considera mayor de edad con todas sus consecuencias; si decide matar voluntariamente a otro, estamos frente a un tipo penal de homicidio y se expone a una pena planteada por el Código Penal; si decide acordar con otra persona darle una suma de dinero a cambio de que ésta le entregue una cosa, estamos frente a una compraventa.  Verificado algún supuesto de éstos, estamos frente a un hecho jurídico en razón de sus efectos.

Dentro del sentido amplio del concepto “hechos jurídicos”, surge una clasificación importante, en donde el factor distintivo lo constituye si el evento se ha producido sin una intervención humana, o si por el contrario su producción necesariamente depende de la intervención del hombre:

* Hechos jurídicos naturales (alcanzar la mayoría de edad, morir, el paso de una tormenta por una zona).

* Hechos jurídicos humanos (el homicidio, una compraventa, etc.).

Esta última categoría, como puede verse en los ejemplos aportados, todavía necesita mayor deslinde, porque nadie duda que el homicidio y la celebración de un contrato sean hechos jurídicos humanos, pero la noción de denominar a un ilícito penal como acto jurídico sencillamente hace ruido. ¿Pero por qué? Si lo analizamos a profundidad, gran parte de los delitos se cometen de manera dolosa… ¿No puede decirse que estamos frente a un acto jurídico, en tanto hecho de la voluntad del hombre que genera efectos jurídicos? ¿Siendo el acto antijurídico, no se constituye a su vez en jurídico, en tanto es el que habilita una respuesta del sistema en la forma de una sanción? Realmente las respuestas aquí ofrecidas son truculentas por varios sentidos:

Lo primero es que de aquí se pretende una partición entre dos tipos de hechos humanos (AGUILO REGLA, p.69-70): hechos jurídicos en sentido estricto y los actos jurídicos, advirtiendo el autor citado de manera tajante que todos los delitos son hechos jurídicos en sentido estricto y  para ello aporta dos consideraciones esenciales: (a) no pueden considerarse como hechos jurídicos naturales porque efecto interviene al menos una acción humana para su producción; y (b) no pueden considerarse actos jurídicos, ya que las consecuencias jurídicas del delito se desencadenan con independencia de la intención de provocarlas del sujeto que ha actuado.    En otras palabras, para que el homicidio sea un acto jurídico, la voluntad del agente de producir los efectos jurídicos es una condición necesaria y relevante.

Para un mejor entendimiento de esto, el Dr. Raúl Ortiz-Urquidi propone que se tome en cuenta la doctrina del negocio jurídico, implementada en Alemania e Italia, y que ha tomado carta de naturalización en países latinoamericanos como México, con la que se pretende distinguir entre acto jurídico y negocio jurídico: Cuando el hecho es realizado voluntariamente por su autor, pero sin intención de crear, transmitir, modificar o extinguir derecho u obligaciones, estamos ante un acto jurídico; Cuando el acto es lícito y se realiza con el propósito de producir estos efectos estamos ante un negocio jurídico.

De esta manera, este autor pretende distinguir entre “acto jurídico” y “negocio jurídico” de la misma manera en que la doctrina tradicional de corte francesa distingue entre “hecho jurídico strictu sensu” y “acto jurídico”: mientras en el primero interviene la voluntad humana para producir el acontecimiento, pero no en cuanto a la recepción de sus efectos, en el segundo la voluntad interviene tanto en la realización del acontecimiento y en la producción de las consecuencias jurídicas.

Citando al autor antes citado, Aun en el caso del homicida que mata por venganza y acepta alegremente el castigo. “(…) por más que en este ejemplo de voluntad del autor del acontecimiento concurre no sólo la realización de éste, sino además en la producción de los efectos antes dichos, ese hecho jamás puede considerarse ni como negocio jurídico, dentro de la terminología alemana ni dentro de la que proponemos, ni como acto jurídico dentro de la francesa, sencillamente porque le falta el carácter de lícito, elemento básico sine qua nom, para que tal acontecimiento sea considerado negocio o acto, según sean alemanes o franceses quienes lo contemplen”.

Recapitulando todo lo antes expuesto, son los hechos y los actos jurídicos los que se constituyen en fuentes del Derecho, y tal clasificación es importante para el estudio de los temas del Derecho privado como veremos en publicaciones posteriores. Pero antes de hablar de la teoría de las obligaciones, de la teoría del negocio jurídico, de la responsabilidad civil, y demás temas emblemáticos del derecho civil sustantivo, se hace necesario poder distinguir apropiadamente entre el paso un huracán, una muerte natural, alcanzar la mayoría de edad, cometer un delito y pactar un contrato; ya que todos los supuestos anteriores se constituyen en fuentes de derechos y obligaciones, pero no podemos todas encajarlas en un mismo terreno indiviso.

Atm

BIBLIOGRAFIA:

  • BOBBIO, Norberto, “Teoría General del Derecho”, 3era edición Temis, S.A., Bogotá, 2001, ISBN 978-958-35-0607-9
  • JORGE BLANCO, Salvador, “Introducción General al Derecho”
  • JOSSERAND, Louis, “Derecho Civil: Tomo I, volumen I”.
  • ORTIZ-URQUIDI, Raul, “Hechos, Actos y Negocios Jurídicos”, UNAM, México.
  • SUBERO ISA, Jorge, “Los Contratos y los cuasicontratos”.
  • TRIAS MONGE, José, “Teoría de la Adjudicación”
  • Varios autores, “Derecho de las obligaciones civiles y comerciales”, editorial Abeledo Perrot, ISBN 950-20-0863-4, 4ta edición 1993.


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