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Las piezas del Derecho (2) – Notas adicionales

…un poco más sobre principios, reglas y valores.

id_24477_cicloA propósito de dudas sobre el esquema inicial mostrado en el artículo base, procederemos brevemente a examinar el lugar que tienen los valores dentro de la teoría de los enunciados jurídicos, y de paso aprovechamos para crear la delimitación conceptual necesaria frente a los demás enunciados jurídicos prácticos normativos.

Lo primero que se examinan son dos grandes continentes entre estos enunciados: los prácticos y las definiciones. Se dice de estas últimas que no son enunciados prácticos porque no van dirigidas hacia la conducta. Se toma de ejemplo la referida ley 241 sobre Tránsitos de Vehículos de Motor precisamente, en sí misma, la definición de “remolque” –por ejemplo–, no está llamada a influir en la conducta de los particulares, pero sigue cayendo dentro de los enunciados jurídicos ya que puede una utilidad jurídica al conjugarse con un enunciado jurídico del tipo práctico (después de todo, cómo podemos establecer la violación de esta ley si no tenemos clara la definición de lo que es un vehículo de motor).

A sensu contrario, se consideran enunciados prácticos los principios en sentido estricto,  las directrices o policies, las reglas de acción, las reglas de fin, las normas que confieren poderes, las normas puramente constitutivas, las normas que expresan el uso de poderes normativos o simplemente actos normativos, y finalmente los enunciados valorativos, con una curiosa cubicación frente a los demás, y que son enunciados jurídicos prácticos no-normativos.

Cabe preguntarse: ¿Por qué si los enunciados que expresan valores se consideran como jurídicos (relevantes al Derecho) y prácticos (destinados a influir en la conducta humana), no se pueden considerar como enunciados normativos? La respuesta a esta pregunta implica abordar diferencias puntuales entre normas, reglas, principios, valores y directrices.

Derecho ductilEn palabras de Zagrebelsky, con la palabra norma se alude a algo que deba ser o producirse; en particular, a que un hombre deba comportarse de determinada manera[1]. No obstante a esto –agrega este autor–, considerando la separación existente entre la ley con relación a los derechos y a la justicia, “…dentro una noción genérica de norma de este tipo es importante diferenciar las lo que podría denominarse regla, de lo que, por el contrario, podría denominarse principio”.

En otras palabras, Zagrebelsky ubica dos sentidos para el concepto “norma”: un concepto estricto que se limita a las reglas (normas-regla), y un concepto amplio que abarca los (normas-principio).

El esquema presentado por Atienza – Ruiz Manero, en el que hacen acopio de esta misma concepción al dividir los enunciados normativos en reglas y principios, constituye una especie de superación del normativismo en que se fundan teorías positivistas como las de Hans Kelsen y H.L.A. Hart, a quienes se les acusa de que sus respectivos modelos no permiten una recepción adecuada a los principios, ni por vía de la grundnorm, ni por vía de la regla de reconocimiento.

Mientras las normas en sentido estricto o reglas tienen que pasar por un test de validez formal instaurado por el propio ordenamiento jurídico para así determinar su existencia, el caso de los principios el papel es inverso, en tanto que son éstos quienes desempeñan un papel propiamente constitucional, es decir, “constitutivo” del orden jurídico. En otras palabras, no es el ordenamiento jurídico el que determina la validez y recepción de los principios, sino que son éstos los que sirven de estándar último de validez para aquel.

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Ronald Dworkin

Siguiendo esa misma línea argumentativa, preguntamos: ¿Cuáles son las diferencias entre las reglas y los principios? Frente a las concepciones positivistas, pensadores como Ronald Dworkin y Robert Alexy han lanzado su principal ataque al positivismo en el sentido de que no le otorgan el debido lugar a los principios; positivismo es un modelo de y para un sistema de reglas, y siendo su única fuente del derecho la legislativa, nos obliga a pasar por alto los importantes papeles de otros estándares. Dworkin afirmaba que mientras los principios tienen una fórmula de aplicación todo-nada, los principios trabajan en base de una dimensión de peso: el conflicto normativo implica que una de las dos normas debe ser expurgada del ordenamiento jurídico, para lo cual se acuden a criterios de solución como los de jerarquía, cronología, especialidad y preferencia; en el conflicto axiológico, no cabe una prevalencia absoluta de un principio frente a otro, sino implica un ejercicio de ponderación para el caso. En el caso de Robert Alexy, éste los considera como mandatos de optimización, en el sentido de que pueden ser cumplidos en diferentes grados y que la medida debida de su cumplimiento no sólo depende de las posibilidades reales, sino además de las jurídicas[2].

De todos los atributos inherentes a los principios, el principal refiere a su contenido, que es de donde se predica que forman parte integral del ordenamiento jurídico. Distinto a las reglas, que se valen de una cadena ininterrumpida de legitimidad para establecer su validez en el ordenamiento, los principios representan la negación de la tesis positivista en donde se separa el Derecho y la moral, en tanto que cuentan con un contenido axiológico o valorativo. En otras palabras, los principios son valores en forma normativa.

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                   Robert Alexy

Volviendo entonces a los valores… recordemos que ésta es una teoría respecto de los enunciados jurídicos. No es que Atienza y Ruiz Manero dejen de reconocer a los valores como material jurídicamente relevante, sino más bien que los enunciados meramente valorativos no cuentan con una propiedad deóntica. El problema radica en que siempre que se habla de valores y principios, se suele entender que son conceptos idénticos, cuando la realidad es que entre ellos hay diferencias puntuales, aunque guardan una relación de interdependencia.

La Constitución Dominicana, en su artículo 38, informa respecto a la dignidad del ser humano que es sagrada, innata e inviolable; y por otro lado afirma que “se debe respetar la dignidad humana”. En el primer caso estamos ante un juicio valorativo, en el segundo ante un juicio normativo: En uno se indica que la dignidad humana es un bien, y en otro que la misma debe ser respetada (en esencia, por el fundamento valorativo que encierra ese principio). Por ello es que Alexy establece que los principios son forma jurídica y contenido moral.

Aún con esta explicación, parece hacer ruido pensar que los valores están dentro del mismo renglón normativo que los principios y las reglas, y a su vez los consideremos como enunciados prácticos. Y es que en efecto, los juicios de valor están llamados a influir en la conducta de los hombres, más cuando éstos no encuentran forma jurídica en principios en sentido estricto, estamos frente a influencias de un ordenamiento distinto al jurídico (moral, religioso, militar, etc.)


La diferencia aquí abordada parece abrir más preguntas: ¿Son exigibles los valores? ¿De cuál o cuáles criterios podemos fiarnos para identificar el “material juridico relevante”? ¿Qué hace a las normas exigibles? ¿Qué hace a los principios exigibles? ¿Qué hace a los valores exigibles?

La relevancia de estas preguntas viene dentro del mismo razonamiento jurídico con el que colocamos una posición “fundamental” en conceptos jurídicos como la dignidad humana, si finalmente, cuando buscamos el porqué de su relevancia, invocando la forma más allá del contenido: no el hecho de que sea un bien, sino que ese bien en particular está contemplado expresamente en la Constitución, norma suprema del Estado. Predicar de esta manera la relevancia de la dignidad humana no es un ataque al positivismo, sino una forma atenuada del mismo: un positivismo constitucional, que no ofrece respuestas efectivas ante conflictos de normas ius-fundamentales. Esto así, ya que aun cuando se manifiesten externamente argumentos principialistas, el verdadero tratamiento es el de norma en sentido estricto; aunque se haga exigible la dignidad humana, sería por las razones equivocadas.

Por otro lado, si argumentamos que todos los valores son jurídicamente relevantes, establecemos una conexión necesaria y suficiente entre el derecho y la moral, con lo que caemos a un terreno peligroso del que nos protege la parte más salvable del positivismo jurídico. Bien pudiera argumentarse que el Derecho, al cimentarse en principios, depende de la moral, o específicamente, de enunciados jurídicos con un contenido moral. Sin embargo, ¿puede decirse, que todo contenido moral es jurídicamente relevante? a pesar de las debilidades del positivismo, se hace necesario siempre un grado de certeza, para lo cual se necesita un filtro normativo, es decir, un cedazo por el cual se pueda afirmar que una actitud humana es conforme o contraria al Derecho. Son los principios que colocan el material moral en un enfoque jurídicamente relevante, donde valores como la igualdad y la justicia pasan a ser principios exigibles de igualdad y de justicia.

En esta edición:

Atm


[1] ZAGREBELSKY, Gustavo, “El Derecho dúctil”, pág. 109. Al respecto, Hans Kelsen (a quien cita Zagrebelsky para esta definición) señala que la norma funciona como esquema de explicitación conceptual del acontecimiento externo que, por su significación objetiva, constituye un acto conforme al Derecho: “El acontecimiento en cuestión logra su sentido específicamente jurídico, su sigenificación propia en derecho, a través de una norma que se refiere a él con su contenido, que le otorga significación en derecho, de suerte que el acto pueda ser explicitado por esa norma. En otras palabras, el enunciado de que un acto de conducta humana en el tiempo y en el espacio es un acto de derecho (o, un acto contrario al Derecho) es el resultado de una explicitación específica, a saber, una explicitación normativa” [autor citado, “La Teoría Pura del Derecho”, segunda edición traducida del alemán por Roberto J. Vernengo, UNAM, México, 1982, pág. 17]

[2] ALEXY, Robert, “Teoría de los derechos fundamentales”, págs. 86-87


3 comentarios

  1. […] Las piezas del Derecho (2) – Notas adicionales: Sobre Principios, Reglas y Valores […]

  2. […] agotado dos publicaciones anteriores respecto al tema de “Las piezas del Derecho” o la teoría de los enunciados jurídicos, cabe confesar que el estudio en particular se basó exclusivamente en la referencia que hace el […]

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