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Las Piezas del Derecho (1)

Este es un apartado del libro de Manuel Atienza, “Las Razones del Derecho”, en el que aprovecha y versa sobre una sus tesis básicas junto a Juan Ruiz Manero, léase “Las piezas del Derecho”. Es un buen punto de apoyo para estudiar la dicotomía entre reglas/principios, tema recurrente en autores anti-positivistas (no necesariamente iusnaturalistas) como Robert Alexy, Carlos Santiago Nino y Ronald Dworkin; como también los distintos tipos de normas, tal es enfocado por autores como Von Wright, Hans Kelsen, Alchourrón y Bulygin y –por supuesto–, H.L.A. Hart. A continuación un breve esbozo de este capítulo, adecuado a ejemplos encontrados en la legislación dominicana, pero advierto que las ideas son exclusivamente del profesor Atienza. Cabe advertir que las ideas aquí aportadas son de Atienza y Ruíz Manero, con pinceladas de aficionado proporcionadas por mí para tratar de aterrizar este esquema al ejemplo dominicano. En ese sentido, cualquier crítica –por constructiva o deconstructiva que sea– está más que bienvenida.

Teoría de los Enunciados Jurídicos (Atienza, Las Piezas del Derecho)

Las Piezas del Derecho

Considerado como lenguaje, el Derecho consiste en una serie de enunciados dirigidos en son conjunto a guiar la conducta humana, aunque todos ellos no sean propiamente normas y aunque existan varios tipos de normas jurídicas. Los criterios de distinción expuestos por Atienza, entre otros, son los siguientes: estructura, o la manera en que están internamente organizados; función que cumplen en el razonamiento de sus destinatarios; forma de incidencia en los intereses y las relaciones de poder en una sociedad. De ahí que la primera principal clasificación es en:

Enunciados de carácter práctico (1) y de carácter no-práctico (2)

Entre los enunciados no prácticos tenemos esencialmente las definiciones. Si buscamos en la Ley 241 sobre Tránsito de Vehículos de Motor cuando en su artículo 1 ofrece la definición de camión como “vehículo pesado de motor destinado al transporte de carga”, esa definición no surtirá efectos prácticos por sí misma, sino cuando la usamos para aclarar y distinguir los efectos de la ley dentro de un contexto normativo que ofrece algún otro enunciado. Se le denomina “no-práctico” en tanto a que no está llamado –de forma directa– a influir sobre la conducta humana, pero esto no lo hace jurídicamente irrelevante.

Lo que se quiere extraer de lo anterior es que si bien los enunciados no-prácticos pueden ser considerados como enunciados jurídicos, un criterio importante de distinción es que los enunciados prácticos sí están llamados a influir sobre la conducta humana. ¿Pero de qué manera? Para ello debemos explorar las distintas subdivisiones que se generan entre los enunciados prácticos:

1.1 Normativos (1.1) y Valorativos (1.2)

Los enunciados jurídicos valorativos (1.2) son enunciados que expresan juicios de valor, como cuando el artículo 38 de la Constitución Dominicana refiere en parte de su contenido que: “(…) La dignidad del ser humano es sagrada, innata e inviolable”, se está afirmando que es un valor, e inclusive, en su sola condición de valor no deja de ser parte de los enunciados jurídicos que están llamados a influir en la conducta humana.

Estos pueden traducirse a juicios normativos (1.1), cuando se acepta que, siendo la dignidad humana un juicio de valor jurídicamente relevante, se debe aceptar igualmente que se debe respetar la dignidad de las personas. Por supuesto, esta distinción entre valores, principios y reglas no deja de ser provocativa y expuesta a las críticas de pensadores tanto positivistas como iusnaturalistas, en tanto que los primeros afirman que valores y principios sólo se constituyen en un material jurídicamente relevante por efecto de la positivización en normas jurídicas que puedan ser empíricamente verificables; mientras que los segundos consideran que el rol de los valores en el Derecho no debe quedar condicionado a su “reconocimiento positivo”, ora a través de reglas, ora a través de principios, que los valores –por su sola condición de valores–, son elementos jurídicamente relevantes.

Sin ánimos de adentrarnos a profundizar sobre esta trifulca, la Constitución nuestra en el mismo ejemplo ofrecido no sólo se limita a utilizar un lenguaje asertivo respecto de la dignidad humana como valor, sino además un lenguaje directivo cuando desde el preámbulo, hasta su contenido transversal sostiene como premisa normativa que “Se debe respetar la dignidad humana”.

La diferencia que se colige aquí entre enunciados valorativos y enunciados normativos es que, pudiera argumentarse que todo enunciado normativo encierra un contenido que refiere a valores fundamentales (Cuando el artículo 40.15 de la Constitución instituye el principio de legalidad, es evidente que tutela la libertad como un valor fundamental), es la conversión de ese valor en un deber de respeto para otra persona, institución o el Estado lo que conduce a entender la dignidad humana no sólo asertivamente como un valor, sino directivamente como un principio fundamental. Los juicios normativos (1.1) se dividen a su vez en aquellos:

–que expresan normas (1.1.1), y  –que expresan el uso de poderes normativos (1.1.2)

Estos últimos se denominan “actos normativos” (1.1.2), en el sentido de que no son normas en sentido estricto, pero a través de ellos se crean normas -sobre esto nos referiremos más adelante). Por otra parte, dentro de los enunciados normativos que expresan normas (1.1.1), tenemos a su vez dos importantes grupos:

Enunciados regulativos (1.1.1.1) y enunciados no-deónticos (1.1.1.2)

Dentro de los primeros (1.1.1.1)  encontramos los principios (1.1.1.1.1) o reglas (1.1.1.1.2). Las diferencias entre reglas y principios son muy variadas cuando pasamos de autor en autor, pero podemos partir –en cuanto a aspectos lingüísticos– de la siguiente premisa: Los principios son normas muy generales, frente a las reglas que son normas muy específicas. Atienza en este punto acentúa que tanto los principios como las reglas pueden ser indistintamente normas de acción y normas de fin. El error aquí que se pretende desmitificar es que toda regla es una norma de acción y todo principio es una norma de fin; en efecto, ambas suponen dos formas distintas de regular la conducta. En el primer caso, se pretende regular acciones: Si se dan ciertas circunstancias, se debe/no se debe/se puede hacer algo. En el segundo caso se señalan ciertos fines a alcanzar y se deja que el destinatario elija los medios adecuados para ello.

Principios y Reglas

Una de las diferencias que pueden reflejarse entre principios y reglas es que, en un plano estructural, son enunciados normativos que tienen una forma condicional, no categórica, como pudiera pensarse de los principios . Precisamente por ello es que requieren un tratamiento distinto al de las reglas, ya que siendo una atribución de las reglas el hecho de que su aplicación es “todo-o-nada”, aplicar la estructura de reglas a los principios implica denominarlos categóricos, es decir, sin ninguna dimensión de peso. Por ello Atienza establece que los principios tienen una condición de aplicación muy abierta, mientras que las reglas tienen una condición de aplicación muy cerrada: Mientras el “debe” en los principios se manifiesta de entrada, en las reglas el “debe” es concluyente.

Asimismo, los principios suministran “razones débiles” no excluyentes, que deben ser sopesadas con otras razones; por ello se dice que la utilización de principios implica un ejercicio de ponderación. Mientras tanto, las reglas constituyen “razones excluyentes”, en tanto que si se dan las condiciones de aplicación, no hay una necesidad –en principio– de considerar otras posibles razones.  Ante el caso de una laguna normativa o axiológica, sea porque no exista una regla aplicable, por contradicción de principios, o porque la regla no se ajusta a los valores del ordenamiento, se precisa entonces de la utilización precisa e inmediata de principios.

Por otra parte, la diferencia entre principios –en sentido estricto– (1.1.1.1.1.1) y directrices (1.1.1.1.1.2) es que mientras las últimas sirven como un standard de lo deseable, los primeros –aunque abstractos–, fijan obligaciones con un carácter imperativo . En Dworkin, las policies son normas que fijan objetivos de carácter social, económico o político, mientras que los principios son exigencias del tipo moral que establecen derechos.


Hasta aquí el análisis del esquema de los enunciados jurídicos propuesto por Atienza y Ruíz Manero. Esta es una de varias publicaciones respecto a este tema, y para una próxima pretendemos continuar con los enunciados constitutivos o no-deónticos, y como éstos -siendo enunciados normativos- se diferencian considerablemente de aquellos que expresan normas. Por el momento el esquema no queda sin cuestionantes abiertas: ¿Realmente se puede trazar una línea divisora entre valores y principios? ¿Por qué no hemos de considerar los valores como elementos normativos por sí mismos? ¿Realmente hay una diferencia concreta entre principios strictu sensu y las directrices o policies? Por el momento, las opiniones fluyen…


3 comentarios

  1. […] propósito de dudas sobre el esquema inicial mostrado en el artículo base, procederemos brevemente a examinar el lugar que tienen los valores dentro de la teoría de los […]

  2. […] de haber agotado dos publicaciones anteriores respecto al tema de “Las piezas del Derecho” o la teoría de los enunciados jurídicos, cabe confesar que el estudio en particular se […]

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