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La importancia de la motivación no-judicial

Es bien sabido que uno de los deberes de toda autoridad judicial es la necesidad de que éstos motiven sus decisiones judiciales (artículos 40.1, 69 y 74 Constitución; artículo 24 del CPP; artículo 141 del C. Pr. Civil; Resolución 1920-2003 de la SCJ; etc.), siendo incluso un principio ético la obligación de motivar, en tanto que así demuestran que sus decisiones no han sido un acto de arbitrariedad.

Ahora bien, ¿Son los jueces los únicos que toman decisiones en que ponen en juego los derechos fundamentales de partes y terceros en una disputa? ¿No se requiere además que las demás autoridades estatales motiven sus decisiones? 

Si nos enfocamos en el deber-ser, motivar no debe ser una labor exclusiva del foro judicial, tomando en cuenta que –como hemos visto en foros anteriores- la motivación judicial encuentra su razón de ser en nuestra condición de Estado Democrático de Derecho, en donde nadie está por encima de la ley ni de sus semejantes, salvo condiciones especiales perfectamente justificadas. Es decir, quien motiva una decisión, logra al menos convencer que la misma no es arbitraria.

En ese tenor, no tan sólo los jueces toman decisiones que trastocan derechos fundamentales; también quien decide construir una carretera por encima de una propiedad privada, cuando se programa un horario tope para los negocios expender bebidas alcohólicas, o a la de aprobar un presupuesto nacional. El valerse solamente del argumento de autoridad para legitimar estas decisiones (y que quienes tienen el control en las manos fueron electos popularmente) es ignorar las debilidades de nuestro sistema democrático y confundir la autoridad conferida por ley con la persona que debe hacer honor a esa responsabilidad. La única forma de garantizar que sus acciones fueron un acto de responsabilidad y no de abuso de poder es si contamos con alguna justificación (aunque sea implícita) de por qué tomaron X decisión al respecto. Por ello incluso las leyes especiales contemporáneas vienen con una parte considerativa, e incluso con una cartilla de principios que sirven de norte para el contenido íntegro del texto.

Atienza, en su obra “Las Razones del Derecho”, refiere a un escenario interesante de la argumentación jurídica: las fases pre-legislativa y legislativa. La primera se produce como consecuencia de la aparición de un problema social cuya solución puede ser la adopción de una medida legislativa, como sería el caso de la despenalización del aborto, o el aumento de penas para los menores de edad. Estos trabajos preparatorios (que correctamente realizados, conllevan una serie de seminarios, intercambios con representantes de la sociedad civil, surveys, en fin… un diálogo abierto con la sociedad) constituyen el material político y moral con el que se pueden crear mejores leyes, que no surgen de la mano invisible de un legislador tildado de “sabio”, sino de una democracia pensante que permite nuestro avance como sociedad.

De todo esto concluimos que la argumentación de la decisión quizás sea una obligación normativa y directa para la autoridad judicial (así lo mandan expresamente las leyes especiales), pero constituye un deber político-moral de toda autoridad estatal que sus acciones tengan un aval en la razón, en tanto que se constituyen en precedentes que determinan la mejoría o empeoramiento de nuestro Estado de Derecho.

Feliz Domingo a tod@s,

Atm


1 comentario

  1. Bien por la motivación en derecho, no obstante su pregunta está ya respondida, con solo buscar un poquito más, sus dudas desparecerán. Al enterarse de esto, gran parte de sus conclusiones dejarían de tener el fundamento necesario.
    Y a propósito, pienso que los políticos y cualquier opinador, debe dar la razón de sus dichos, pero es evidente que resultaría absurdo esperar que se legislara sobre la materia; no obstante pienso que la tarea de desenmascarar, lo meramente especulativo, las falsas inferencias, las conclusiones presentadas con la forma de razonamiento lógico, detectar los gazapos; es tarea exclusiva de los lectores, si comenzamos por detectar en cualquier escrito que sus premisas mayores son muletillas como: <alguna gente dice < fuentes no confirmadas aseguran <podría suceder que < existe el temor de …, y muchas otras, de seguro que seríamos menos víctimas de los opinadores de oficio tan groseramente tarifados.
    Es necesario también ser cuidadoso en el detectar afirmaciones traslapadas y que resultan fuera de contexto, maña muy socorrida por quienes presentan un trabajo de base y metodología científica, para de manera incluso subliminal, atacar o disentir del gobierno.

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