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Discurso ofrecido por la Mag. Ana Milady Hernández @ Dia del Poder Judicial 2014 en Nagua

Jueces en el Dia del Poder Judicial en MTS

Jueces en el Dia del Poder Judicial en MTS

En ocasión a los actos del Poder Judicial, la magistrada Ana Milady Hernández, Juez del Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original de María Trinidad Sánchez y encargada de la coordinación local, tuvo en sus manos la encomienda del discurso a ofrecer en este solemne día. Luego de finalizada su exposición, me atreví a solicitarle una copia, a la vez que permiso para reproducirlo oportunamente. He aquí sus palabras, que he dejado intactas, porque desde el asiento en que tuve la oportunidad de escucharlas, considero que salieron del corazón: 

Ana Milady Hernandez

Buenos días, distinguidas autoridades civiles, religiosas y militares; mis pares;  magistrados que conforman el ministerio público, miembros de la prensa, abogados y abogadas, Alguaciles y servidores administrativos, invitados especiales. Señoras y señores.

Agradezco la oportunidad de poder dirigirme a ustedes, en una ocasión especial como es el Día del Poder Judicial, por tanto aprovecho este momento para expresarles a todos los que nos honran con su presencia que cada uno de ustedes engalanan este día de celebración. Deseo compartir con ustedes mis reflexiones sobre la justicia y el papel de los jueces y juezas; para ello partiremos de la teoría clásica de la división de poderes de los órganos del Estado, los cuales desarrollan diferentes funciones, cuya competencia se encuentra establecida en la Constitución de la República.

El acceso a la justicia es un derecho humano fundamental, reconocido por los principales instrumentos internacionales de derechos humanos y las constituciones; hacer efectivo este derecho implica la obligación estatal de garantizar la existencia de un sistema judicial libre, independiente y eficaz, al que toda persona, sin ningún tipo de discriminación, pueda acudir para exigir la reparación de sus derechos vulnerados.

El Poder Judicial realiza una labor jurisdiccional, la cual corresponde a todos los jueces dispersos en el ámbito de toda la geografía de la República. El papel de los jueces y juezas es esencial, no sólo para resolver los conflictos entre particulares, sino además frente a cualquier autoridad estatal o descentralizada, en su indelegable rol de ser garante de la Constitución y las normas vigente.

A fin de enmarcar lo anteriormente expuesto, me permito parafrasear al conocido autor Luigi Ferrajoli, quien manifestó lo siguiente: “Dentro de los límites a la democracia política, como precondiciones del vivir civil y como razones de un pacto de convivencia, el juez debe ser garante de la tutela de los derechos fundamentales, y de la sujeción de los poderes públicos a la ley”.

Cuando hablamos de justicia, pensamos en ella como lo que es justo, dar a cada uno lo que merece, resolver nuestros problemas en los tribunales en lugar de hacerla con nuestras propias manos; acudimos a éstos a reclamar nuestros derechos o a rendir cuenta por nuestras actuaciones ante un juez o jueza del que exigimos independencia e imparcialidad, apegados únicamente a la Constitución y a las leyes. No se trata de una tarea fácil, impartir justicia requiere del esfuerzo de todos, jueces, ministerio público, auxiliares de la justicia, servidores administrativos, entre otros, pero sobre todo se exige formación jurídica, capacidad y aptitud para interpretar y resolver los diversos conflictos que se nos presentan a diario, partiendo de casos concretos vinculados a la realidad que vivimos, reconociendo derechos y aplicando sanciones a quienes violentan la ley. Esta tarea requiere de mucha dedicación y sacrificio: sacrificamos a nuestras familias y amigos para evitar la suspicacia de aquellos que, disconforme con nuestras decisiones porque no favorecen sus intereses, realizan mordaces críticas. Sin embargo, no debería ser así, el juez debe acercarse más a la ciudadanía, porque para ser independiente, no es necesario aislarse del mundanal ruido, el juez debe percibir las dificultades y las desigualdades sin que con ello comprometa su independencia. Se trata de un ser humano que piensa, razona y se emociona. Luigi Ferrajoli a la sazón expresó que: “Lo más nocivo para la judicatura, es su imagen de casta cerrada y separada. Y sólo la reflexión crítica y autocrítica promovida por los propios jueces y su apertura al control democrático de la opinión pública, puede dar sentido, legitimación y valor al difícil oficio de ser juez”.

Tratar de convertir al juez en un robot es pretender eliminarlo; pues éste debe ser crítico y pensante frente a la sociedad que lo rodea, estando siempre a la altura de los tiempos, procurando el mantenimiento del orden y la armonía, el bienestar de los individuos, protegiendo sus derechos y sus intereses, sin doblegarse ante nada ni nadie en el cumplimiento de su misión de hacer respetar la Constitución y toda normativa vigente en nuestro ordenamiento jurídico.

A pesar de nuestros esfuerzos constantes, pareciera que es poco lo que hacemos, sobre todo, por la violencia que nos arropa cada día y que nos preocupa a todos, tema que se ha convertido en uno de los principales problemas de la sociedad y de gobernabilidad, creando angustia en las personas, debido a que, las estadísticas reflejan datos negativos pero reales, tal como: “Cada año mueren de manera violenta más de cien mil personas en América Latina”.

La estadística anterior adquiere mayor relevancia, cuando el informe del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), advierte que, la República Dominicana es uno de los países más violentos y con mayor tasa de homicidios en América Latina, incluso por encima de Haití. Otro estudio publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), asegura que nos encontramos entre las seis naciones con la percepción más baja en seguridad ciudadana, la tasa de homicidio es de un 23 por ciento por cada 100 mil habitantes.

Ante esta alarmante situación, es propicio citar a Sófocles, el poeta trágico de la Antigua Grecia, al decir: “Al hombre perverso se le conoce en un solo día, para conocer al hombre justo hace falta más tiempo”.

Recordemos que, la administración de justicia le viene dado al Poder Judicial por delegación del pueblo, de esa misma sociedad a la que debe rendírsele cuenta cada día con nuestra labor y con nuestra conducta. Pero también la comunidad está en el deber ineludible de cuidar la imagen de sus funcionarios judiciales contra cualquier atentado malintencionado e inmerecido, cada distrito judicial debe ser protegido por una sociedad civil vigilante en la encomiable tarea de mantener la pureza de lo no corrompido; lo que finalmente redundaría en el fortalecimiento institucional. 

Impartir justicia no es dar lo que se nos pide, sino decidir a quién le pertenece el derecho con equidad y honestidad,  ante esta aseveración vale recordar al Jurista Hans Kelsen,  quien al respecto señalaba que: “La Justicia es para mí, aquello cuya protección puede florecer la ciencia, y junto con la ciencia, la verdad y la sinceridad. Es la Justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia, la justicia de la tolerancia”.

No quiero terminar sin aprovechar esta ocasión para rendir un homenaje a los jueces y juezas del país, quienes con dedicación trabajan durante todos los días del año, resolviendo conflictos no solamente justos sino sabios, quienes por la carga procesal, tienen necesidad de laborar muchas horas, incluso los fines de semana y días feriados, magistrados y magistradas que no han sucumbidos en sus valores, rechazando ofertas vetadas, jueces y juezas que en silencio dicen no a la corrupción y que con sus manos limpias pueden mirar a los ojos de cualquier persona y decir con orgullo que contribuimos con el engrandecimiento de este poder del Estado y con el desarrollo de nuestra patria, ese es nuestro aporte.

Cierro este discurso con una cita de un autor que aunque anónimo nos lega sabiduría,  por tanto lo compartiré con ustedes: “Las leyes nacen por las necesidades de la sociedad, viven para cumplirse e infringirse, y mueren por la ignorancia y el olvido de las personas”.

¡Muchas Gracias!


Personalmente, para que un discurso me haga sentir motivado o atento no es por el uso excesivo de figuras retóricas, en las que suelen recostarse muchos oradores, ni tampoco el exceso de información “wikipédica” que se pueda proveer en el poco o mucho tiempo que se disponga para esta expresión oral; un discurso me hace sentir “movido” por dentro precisamente cuando se percibe la sinceridad en su contenido. Cuando la magistrada pronunció estas breves y juiciosas palabras, fue para mi este momento el highlight de todo del protocolo. 

Atm


1 comentario

  1. Johnd76 dice:

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