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CONFERENCIA: Carlos Gaviria Díaz @UASD [28 de enero del 2013]

By Presidencia de la N. Argentina [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Carlos Gaviria Díaz. magen disponible en: Wikimedia Commons

Esta entrada se encuentra dedicada a las conferencias llevadas a cabo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) –Biblioteca Pedro Mir); como acto de pre-apertura del Congreso sobre Derecho Constitucional auspiciado por el TC Dominicano.

Para esta conferencia estuvieron invitados como juristas internacionales el Prof. Manuel Atienza (España) y el Dr. Carlos Gaviria Díaz (Colombia), quienes en breves pero sustanciales palabras, compartieron sus respectivos puntos de vista sobre la misión del Juez Constitucional en Latinoamérica, a la sazón del Constitucionalismo Moderno que se ha venido dando en esta región del mundo.

Empezamos con la conferencia del Dr. Gaviria Díaz, (más abajo consta la transcripción del audio, a cargo de quien les habla):

“Me han pedido que hiciera algún anticipo de las reflexiones que voy a hacer pasado mañana en este encuentro convocado por el Tribunal Constitucional, pero he resuelto más bien hacer una reflexión sobre un tema que me parece importante, y del cual estuve hablando recientemente en Ouro Preto, Brasil, como presidente que soy de la Red de Constitucionalistas por la Democracia… y es sobre este problema… me parece uno de los fenómenos más importantes en el mundo jurídico y político simultáneamente es lo que se ha denominado el nuevo constitucionalismo o neoconstitucionalismo; yo prefiero hablar de nuevo constitucionalismo para no introducir elementos de discordia que se ha dado tanto en Europa como en América Latina, pero en esta última de manera más radical, por circunstancias históricas y sociales que son fácilmente explicables, y que viene a romper un antiguo paradigma del Estado de Derecho que triunfa en 1789 en la Revolución Francesa,

Y como uno de los aspectos más inquietantes y a la vez más significativos de este nuevo constitucionalismo es el protagonismo judicial…me parece que induce ese fenómeno a pensar en cuál debe ser la formación de los jueces constitucionales (y yo diría de los jueces en general), bajo este nuevo paradigma del nuevo constitucionalismo, para que cumplan cabalmente su función.

A las facultades de Derecho se ha llegado por muchas razones de distintas clases; hablo especialmente de las facultades de derecho latinoamericanas, específicamente de las colombianas, que son las que mejor conozco. Muchos estudiantes llegaban a la facultad de derecho por esta motivación: “me gusta el derecho porque yo soy muy aficionado a la literatura…o a la filosofía, al arte, a la cultura general, etc.”. Y algunos estudiantes daban más bien como razón: “Mi padre o mi abuelo ejercían la profesión de abogados, y yo quiero aprender a redactar buenos testamentos, buenas minutas judiciales, etc.”… y son razones válidas, pero que en nuestras universidades, en nuestra facultad, constituían fuente de doble frustración: tanto salían frustrados los que aspiraban a cursar el derecho por esa vocación humanística o de cultura general, porque las facultades de derecho no encontraban demasiadas cátedras que se relacionaran con ese propósito; y los que se habían ingresado con el objeto de ejercer la profesión como la había ejercido su padre o su abuelo, se frustraban cuando les hacían estudiar la filosofía del derecho de Hegel, o la fundamentación de la metafísica las costumbres de Kant, etc.

Entonces, hay como varias motivaciones que llevan a los estudiantes a ingresar a las facultades de derecho, y muchas veces la formación que se imparte en estas facultades es insuficiente para lo que los estudiantes hacen. Pero, si dentro del nuevo constitucionalismo el juez tiene un protagonismo excepcional, no puede ser que el juez actual tenga la misma formación que tenía el juez tradicional.

En la escuela exegética, que se forma en torno al Código Napoleónico de 1804, se consideraba que el Juez cumplía una función que se limitaba a hacer silogismos; el proceso judicial era asimilable a un silogismo en el cual la premisa mayor era la Ley, la premisa menor los hechos, y la sentencia es la conclusión, donde no entra para nada la valoración del juez, sino que el único que valora es el legislador y el juez se limita a hacer ese tipo de silogismos eminentemente racionales.

La posición del juez en el proceso jurídico era una posición absolutamente subalterna… pero las cosas han cambiado, ha evolucionado profundamente la teoría jurídica, ha evolucionado profundamente la hermenéutica, y con el nuevo constitucionalismo, tenemos unas constituciones por una parte normativas, aplicables y con un trasfondo axiológico bastante rico y complejo, pues el juez tiene que afrontar problemas que la mera técnica jurídica no resuelve.

Hace muchos años, creo, que Carnelutti dijo que: “El jurista que no sabe, sino derecho… no sabe ni siquiera derecho”, y yo creo que tenía toda la razón. Pero vuelvo al punto de partida: ¿Cuál entonces debe ser la formación que reciba un jurista y muy especialmente si tiene vocación de ser juez?

 

Hay una especie de broma, que pone de presente dos vicios epistemológicos igualmente deplorables: Es donde se pregunta ¿Qué es un generalista y qué es un especialista? Y la respuesta es: El generalista es aquel que sabe poco de muchas cosas, y cada vez va sabiendo menos de más cosas, hasta que resulta sabiendo nada de todo. En cambio, el especialista es aquel que se dedica a un objeto determinado a conocerlo profundamente en todas sus implicaciones, y cada vez ese objeto se va reduciendo hasta que termina sabiendo todo de nada. Un resultado bastante parecido.

Yo siempre he pensado que ni el diletante ni el especialista pueden proponerse como tipos del verdadero jurista, y de quien está capacitado para ejercer la función judicial. Creo que hay un punto, que es el que yo llamo de la cultura orgánica, en virtud del cual una persona debe elegir un área del conocimiento concreta, y luego, empezar a enriquecerla con conocimientos de áreas afines, que se le revelan completamente necesarios para entender su propia área. Por eso citaba a Carnelutti anteriormente.

Resulta que el jurista –y específicamente el juez- tiene que ser consciente de que para resolver ciertos problemas jurídicos necesita sin duda alguna el apoyo de la sociología, el de la antropología, la psicología…. Yo les cito como anécdota personal que fui juez, magistrado de la Corte Constitucional de Colombia durante 8 años, y como la Constitución Colombia consagra el pluriculturalismo, que plantea problemas dificilísimos pero fascinantes, hubiera sido prácticamente imposible llegar a soluciones -que yo no llamo definitivamente acertadas- pero que se aproximan mucho más al acierto que las que se hubieren tomado con base en elementos eminentemente técnico-jurídicos. Si no hubiera sido por el diálogo permanente con los antropólogos, si no hubiera sido por los dictámenes antropológicos, porque nosotros mismos éramos conscientes de que necesitábamos de la antropología, la sociología, la historia no al modo como lo necesita el propio antropólogo, sociólogo, historiador… pero de la historia, de la antropología, de la sociología, integrada en torno a un núcleo que es el objeto del conocimiento que se ha elegido primariamente, entorno al derecho. Y como la experiencia al aplicar constituciones tan complejas, tan generales, y con un contenido axiológico tan rico como la Constitución de Colombia, por ejemplo, entonces es preciso replantear la educación que imparten las facultades de derecho, la cultura jurídica en general para formar personas que aspiran a ser muy buenos juristas, pero que sean conscientes de que para esto no basta estudiar los Códigos o la técnica jurídica.

Isaiah Berlin tiene un libro, para mi gusto fascinante, que se llama “La Zorra y el Erizo”, que tiene un epígrafe del poeta griego Arquíloco, que dice esto: “Muchas cosas sabe la zorra, y el erizo sólo una pero bien grande”. Yo creo que ahí se establece una tipología humana: aquellas humanas dentro de las cuales recaen en la zorra, que a pesar de que elegimos un área del conocimiento, no renunciamos a muchas otras cosas, a muchas otras metas. En la vida hay cosas a las que uno no puede renunciar, pero uno no puede volverse entonces un diletante. El erizo, en cambio, elige en su vida un propósito, una meta y jamás renuncian a ella, son bastante eficaces, porque se dedican a buscar ese propósito denodadamente.

Yo siempre cito como ejemplo (y no lo digo, no lo hago por desconceptuarlo, tal vez incluso en su homenaje) el caso de nuestro presidente anterior en Colombia, el Dr. Alvaro Uribe dijo alguna vez que hacía como 47 años no iba a cine, porque naturalmente estaba empeñado en su tarea política, que era muy política, y era sumamente eficaz para buscar sus propósitos políticos. Pero decía yo: “Que vida tan pobre, de una persona que renuncia a la literatura, al cine, a la poesía, a tantos conocimientos y tantas experiencias gratas como brinda la vida”.

Y con esto con lo que quería advertir este problema, entonces el jurista –y yo estoy pensando fundamentalmente en el juez constitucional- al fin debe ser: ¿erizo o zorra? Y yo digo: Tiene que ser un erizo que para serlo se tiene que convertir en zorra, porque va a buscar en su meta un conocimiento cabal del derecho, pero va encontrando que para tener ese conocimiento cabal necesita de muchas otras cosas, y no únicamente de disciplinas empíricas y racionales, sino de otra cosa, el cultivo de los sentimientos.

Naturalmente, decía ahora muy bien Manuel Atienza que el jurista y juez no puede razonar como el moralista, pero que hay elementos morales en su razonamiento. Pues, no se trata de que la persona cultive sus sentimientos para fallar, para decidir con base en ellos de una manera desbordada; el control de la razón y de la experiencia tienen que estar presentes. Empero, es evidente, desde que Adam Smith escribió “La teoría de los sentimientos”, se nos reveló que los sentimientos tienen una importancia extraordinaria en la vida diaria, pero además para tener una actitud ética y una actitud moral cabales, como la que necesita el juez.

Me parece, por ejemplo, pensando cómo no va a ser enriquecedor para el juez que va a fallar casos tan complejos desde el punto de vista de la condición humana leer a Balzac, por ejemplo. ¿Cómo no va a ser esto útil para un jurista? ¿Y cómo no, no va a ser útil esto para un juez?

Leí no hace mucho un libro de Martha Nussbaum, que se llama “Justicia Poética”, y tiene mucho de los elementos que les estoy sugiriendo que deben ser utilizados, que deben ser reflexionados, con el objeto de que lo que ha sido hasta ahora la educación jurídica sea cuidadosamente revisado, y a las/los estudiantes de derecho se les estimule a copiar una serie de experiencias y una serie de conocimientos, una vez más, en función de un núcleo determinado. Ese núcleo está constituido por el área de conocimiento que eligieron que es el derecho; con lo cual tienen oportunidad de que se les presente la inmensa riqueza del derecho, la inmensa responsabilidad de un juez  no digo, únicamente, del juez constitucional, sino la responsabilidad de cualquier juez, que es menor su responsabilidad que el juez que tiene que interpretar normas constitucionales como las que les he puesto de presente; normas constitucionales con un contenido axiológico profundo, grande. Cuando se es consciente de que ese mundo de valores plasmado, contenido en las normas constitucionales no siempre convive o  en él no siempre conviven pacíficamente distintos valores o distintos propósitos: la igualdad colide con la libertad. La autonomía personal colide con la solidaridad. ¿Cómo hacer para compatibilizar o para mesurar ese tipo de conflictos? Sí que hay muchas fórmulas, hay juristas que han dado fórmulas casi matemáticas para eso, pero yo descreo completamente de que esas fórmulas matemáticas puedan sustituir la tarea del juez, que tiene que resolver ese tipo de problemas.

Bueno, yo pienso que a pesar de que les dije que tenía vocación de zorro, pero que me parecía que el camino correcto no es el del diletante; ustedes muy posiblemente me han percibido como un diletante, pero lo que quería era transmitirles esa inquietud. En función de un fenómeno tan importante como el nuevo constitucionalismo, y específicamente, el nuevo constitucionalismo latinoamericano, es preciso que los estudiantes de derecho, y muchos de los cuales tienen una vocación hacia la judicatura, reciban una formación mucho más a tono con la responsabilidades que la vida les va a asignar.

De nuevo, muchas gracias a la Universidad, y muchas gracias a ustedes por la paciencia”.

Carlos Gaviria Díaz

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