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Crónica Jurisprudencial: Henningsen c. Bloomfield Motors, Inc. [sobre la responsabilidad limitada del fabricante]

Iniciamos en Letrado21 un nuevo segmento denominado “Crónica Jurisprudencial”, en donde exploraremos superficialmente precedentes judiciales dominicanos, del derecho comparado, e inclusive, de jurisdicciones internacionales como la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Iniciamos con una joya, que nos llega de manos de Ronald Dworkin en su libro “Los Derechos en Serio” [1], y del cual citamos textualmente esta referencia a la cuestión de si realmente un fabricante de automóviles pude (o hasta qué punto) limitar su responsabilidad en caso de que el coche sea defectuoso. Veamos el caso:

EL CASO. El 7 de mayo de 1955, Claus H. Henningsen realizó una compra de un automóvil Plymouth, fabricado por la compañía Chrysler Corporation, que a su vez era propiedad de Bloomfield Motors, Inc. El vehículo en cuestión se pretendía utilizar como regalo de día de las madres para su esposa Helen, y la compra fue realizada exclusivamente por el señor Henningsen.

El contrato de la venta era un formulario de una sola página, que contenía tipos de letras de distintos tamaños delante y detrás, a lo que Henningsen testified que no leyó todos los párrafos del contrato. La parte trasera del contrato contenía la siguiente cláusula limitante de responsabilidad, donde se decía que la responsabilidad del fabricante por los defectos se limitaba: …a reparar las partes defectuosas (…) garantía ésta que expresamente reemplaza a cualesquiera otra garantías, obligaciones y responsabilidades….

El automóvil fue entregado el 9 de mayo del 1955, y no hubieron problemas sino hasta el día 19 de ese mismo mes, en donde, la señora Henningsen estuvo conduciendo su vehículo a 20-22 millas por hora (30 – 35 km/h) en una carretera de dos vías, cuando su conductora escuchó un ruido, para luego el guía del vehículo girar en sus manos, saliendo de carretera e impactando en el muro. El automóvil quedó con daños irreparables y totalmente destruido, conforme a la compañía aseguradora. Bloomfield Motors se rehusó a pagar, alegando que la garantía estuvo limitada exclusivamente a la reparación de partes defectuosas, no al daño producido por partes defectuosas

 

LOS ARGUMENTOS DE LAS PARTES. El argumento principal de la parte demandada lo vimos anteriormente, es decir, que la garantía era limitativa a las piezas defectuosas… “garantía ésta que expresamente reemplaza a cualesquiera otras garantías obligaciones o responsabilidades”; Henningsten argumentaba que, por lo menos en las circunstancias de su caso, el fabricante no debía quedar protegido por esa limitación y debía hacérsele responsable por los gastos médicos y de otro orden de las personas heridas en un accidente.

 

LA CUESTION NORMATIVA. El demandante no pudo aportar ninguna ley o norma jurídica establecida que impidiera que al fabricante ampararse en el contrato. 

 

LA DECISION DEL TRIBUNAL. Los razonamientos utilizados por la Corte Suprema de New Jersey fueron los siguientes:

“Debemos tener presente el principio general de que, en ausencia de fraude, quien no opta por leerse un contrato antes de firmarlo no puede luego evadir sus consecuencias [En nuestro derecho sería la aplicación del artículo 1134 del Código Civil] (…) En aplicación de este principio, es un factor de importancia el dogma básico de la libertad de contratación de las partes competentes (…) La libertad de contratación no es una doctrina tan inmutable como para no admitir restricción alguna en el ámbito que nos concierne.

“(…) En una sociedad como la nuestra, donde el automóvil es un instrumento común y necesario de la vida cotidiana, y donde su uso está lleno de peligros para el conductor, los pasajeros y el público, el fabricante se encuentra bajo una especial obligación en lo que se refiere a la construcción, promoción y venta de sus coches (…) Por consiguiente, los tribunales deben examinar minuciosamente los acuerdos de compra para ver si los intereses del consumidor y del público han sido equitativamente tratados

“¿Hay algún principio que sea más familiar, o esté mas firmemente integrado en la historia del derecho anglo-norteamericano que la doctrina básica de que los tribunales no se dejarán como instrumentos de desigualdad e injusticia? (…) Más específicamente, los tribunales se niegan generalmente a prestarse a la imposición de un “pacto” en que una de las partes se han aprovechado injustamente, de las necesidades económicas de la otra…”

Bajo estos argumentos, el dictamen resultó a favor del demandante. 

EL “AFTER-PARTY”. Este caso no vino sin crítica de parte de teóricos tanto del derecho como de la economía, quienes consideraron que el precedente sentado contribuyó al alza de los precios relativos a los costos de garantía que tendrían que costearse tanto los fabricantes como los dealers de automóviles, generando con esto una transacción económica ineficiente, ya que no todos los clientes quedarían esta garantía, más todos los consumidores están ahora obligados a pagarla. A pesar de esta crítica (que personalmente no comparto), este caso fue considerado un precedente por excelencia para establecer responsabilidad por productos defectuosos en los Estados Unidos. 

MI POSICION AL RESPECTO: No hay mucho que decir realmente, frente a una decisión que personalmente saludo, en donde sostengo hasta el cansancio que, bajo el manto del “laissez faire”, se esconden cláusulas abusivas y desequilibradas que rompen con todo ideal de justicia y equidad. Recuerdo todavía cuando un docente universitario, respecto de la Teoría de los Contratos, nos decía: “La justicia contractual es lo acordado entre las partes”… a esto solamente respondo: “Será justicia siempre y cuando las partes se encuentren en igualdad de condiciones al momento de contratar”.

Se verifican rasgos iusnaturalistas en el contenido de la decisión, donde aún cuando la el demandante no contaba con una norma vigente en que apoyar sus argumentos, una decisión basada eminentemente en el derecho positivo rompía con todos los esquemas de la proporcionalidad y del razonamiento moral. Tal forma de pensamiento, dentro de espacios conservadores, resulta difícil de implementar, salvo que exista un matiz político alrededor del caso en cuestión.

Y bajo ese último punto, dejo este análisis de por medio haciendo la siguiente pregunta: ¿Cómo sería tratado un caso como Henningsen v. Bloomfield en los tribunales dominicanos?

Atm


2 comentarios

  1. A mi humilde justiprecio de pupilo en el derecho, en este caso estaban en conflicto el derecho y la justicia (como debió ser gano la justicia), el derecho del demandado a enunciar que no podía obligarse mas allá de lo pactado, y la justicia del demandante a enunciar que la clausula contractual era abusiva. En mi opinión los tribunales dominicanos hubiesen fallado a favor del demandante.

  2. […] Su magna obra, “Los Derechos en Serio”, fueron la fuente utilizada para un reciente artículo de este blog. […]

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