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Un Tribunal Constitucional en R.D.

“El poder es tan fuerte que a quien no mata, lo hincha”. Esta frase, atribuida a Maquiavelo, devela una vez más que el mayor pecado de este filósofo-político italiano fue haber dicho la verdad de una forma cruda y sin anestesia. En efecto, esta realidad sobre el poder trasciende a todos los sistemas políticos en toda sociedad organizada en donde se pretenda una inmensa concentración de poder en manos de una sola persona u organismo, y tal ha sido la realidad en República Dominicano en distintas épocas, tanto “democráticas” como “dictatoriales” (dependiendo a quien usted pregunte). Hoy en día, con la reciente aprobación de una nueva Constitución Política, se ha decidido poner un nuevo nombre a la bestia marina de Job: ya no será el Leviatán, sino más bien un Tribunal Constitucional.

 


Sobre el tema del Tribunal Constitucional (TC -o cariñosamente ‘Ti-Zi’-) hemos oído las posiciones y argumentos de los representantes de los distintos poderes estatales; debates han sido celebrados, la última palabra sobre este tema parece haberse postergado a una fecha en donde el ambiente político sea más ‘favorable’, y muchos ya han enseñado, a través de sus declaraciones, sus verdaderos colores. Y para los que se vean sorprendidos con la magnitud que ha adquirido el tema del TC y se pregunten de dónde surge la relevancia de un ‘carguito’ como ese, los remito al artículo 184 de nuestra Constitución:

 

ARTICULO 184. Tribunal Constitucional. Habrá un Tribunal Constitucional para garantizar la supremacía de la Constitución, la defensa del orden constitucional y la protección de los derechos fundamentales. Sus decisiones son definitivas e irrevocables y constituyen precedentes vinculantes para los poderes públicos y todos los órganos del Estado. Gozará de autonomía administrativa y presupuestaria.


Ese artículo dice, en dominicano, lo siguiente: Siendo la Constitución -ustedes saben, el ‘pedazo de papel’ al que una vez se refirió Balaguer- el texto fundante del Estado y que tiene un carácter supremo frente a toda Ley, Decreto, Resolución, etc… es decir, es la papaupa de la matica…. requiere de un órgano cuya finalidad sea garantizar que la misma sea respetada por todos. A ese organismo le llamaríamos Tribunal Constitucional, en donde toda actuación u omisión por parte del Estado a través de sus poderes sería objeto de revisión en caso de que la misma no se encuentre conforme con nuestra Constitución. Pero ahí no se queda la cosa… la decisión que emita el TC tiene un carácter vinculante… o sea lo que el TC determine en su interpretación sobre X artículo de X Ley que trate sobre X tema… no será una cosa del momento, sino que se convierte en una línea directa de interpretación forever, razón por la cual yo considero que cada decisión que emita el Tribunal Constitucional debe considerarse como un addendum a la propia Constitución. 

 

 

En definitiva, hablamos de una especie de Gran Hermano, un ojo omnisciente capaz de fiscalizar toda actividad estatal en pos de defender la Constitución a toda costa… Esto suena lindo, y en efecto, para los más optimistas (o aquellos que fingen serlo para disimular sus reales intenciones políticas), la instauración de un Tribunal Constitucional en República Dominicana ha sido comparada con la segunda venida de nuestro señor Jesucristo, o bien cuando Moisés liberó al pueblo hebreo de la opresión a cargo de los Egipcios, en fin, ha sido comparado con toda referencia épica en donde la salvación de los débiles viene a cargo de una superpotencia capaz de equilibrar la balanza, de proteger el bien y erradicar el mal, y que todos vivamos felices para siempre.

 

Para los más pesimistas, el Tribunal Constitucional es evidencia pura de que el calendario maya no se equivocó… y en el 2012 ‘esto se va a acabar!’, ya que hablamos de un órgano maquiavélico que disfraza sus reales intenciones totalitarias y opresoras a través de un maquillaje de constitucionalismo barato… que si bien pueden alegar su funcionalidad en otros países, no es lo mismo en R.D., que siendo un país de las maravillas, con el toque institucional del anti-Midas, se convertirá en un Tribunal Prostitucional.

 

Pero no podemos caer en alguno de estos extremos, y en efecto, el autor de este texto no niega los beneficios que traerá a nuestro intento de democracia la composición de un órgano jurisdiccional para proteger derechos fundamentales, el orden constitucional, y sobre todo, la SEGURIDAD JURIDICA, que muchos subestiman, más quien les habla considera que es uno de los derechos más importantes de todo habitante en una sociedad que pretende ser organizada. El ideal detrás de un Tribunal Constitucional es noble: garantizar una verdadera consonancia entre la Constitución y las demás actuaciones estatales, para que de esta forma ningún ciudadano o institución pueda considerarse por encima del sistema.

 

A pesar de todo esto, no evito ver esta innovación con cierto escepticismo, en vista de que ha sido un tema que ha despertado el interés de muchos en nuestro país, especialmente de aquellos cuyas reales pretensiones están bien lejos de la nobleza que proyectan en sus declaraciones. Ya hemos oído la posición del Poder Ejecutivo, la de los distintos Senadores y Diputados, la del Presidente y Vice-Presidente de la Suprema Corte de Justicia, los distintos sectores de la sociedad civil, la Iglesia…. y por supuesto… de los fabulosos juristas constitucionales, de los que podemos decir que en un futuro no muy lejano podremos apreciar sus verdaderas aspiraciones en su justa dimensión.

 

Por el momento, concluimos la presente entrada admitiendo que he tratado este tema de forma vaga y superficial… esa es mi intención. Un tema como éste no es fácil abordarlo de forma concreta y puntualizada, porque requería estudios previos de historia social y  política en la República Dominicana, un breve esbozo sobre lo que hacen otros países con respecto al TC, y por supuesto, un ‘pizca’ de derecho, porque éste es un tema más político que jurídico, en donde:


  • no debemos detenernos a analizar que obliga, prohíbe o permite la Constitución, sino más bien que se puede hacer políticamente para tergiversar su contenido;

 

  • no debemos detenernos mucho en analizar que dicha posición demanda jueces imparciales e independientes, sino más bien si se han creado los mecanismos idóneos para garantizar imparcialidad e independencia….

y sobre todo,

  • No debemos detenernos mucho en sopesar el carácter vinculante de una decisión de ese órgano, sino más bien en un punto totalmente descuidado: ¿Quién vigilaría al Tribunal Constitucional?

 

 

Atm

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7 comentarios

  1. Osvaldo Fernandez dice:

    Tu comentario es muy atinado. No podemos comparar el funcionamiento del TC en paises donde si existe un real Estado Democratico de Derecho, donde si existe verdadera institucionalidad, frente a Rep. Dom., donde todavia, en pleno siglo XXI impera lo que conocemos como “La Cultura del Jefe”; un pais con una clase politica “unica en su especie” por cuyas inverosimiles mentes nunca se ha asomado el significado de la palabra Decoro; en cuyas inhospitas mentes solo se albergan restos putrefactos de los que una vez fueron principios; actuaciones nauseabundas adornadas con eufemismos, propios de una clase que lo unico que sabe es superponer sus intereses personales por encima del bien comun.

  2. SERGIO ORTEGA dice:

    Muy bueno tu Blog, te felicito y ya le darè seguimiento, por los temas que veo abordas y publicas las colaboraciones de otros compañeros, se augura que està llamado a convertirse en un punto obligado de encuentro virtual. Exitos.
    Mag. Sergio A. Ortega

  3. considero esta pagina , muy buena como medio de consulta en el area legal

  4. […] el tema del Tribunal Constitucional había agotado toda una oda especulativa sobre el paradigma que iba a representar en República Dominicana, los poderes con que iba a contar, y el efecto que sus decisiones implicarían para el ordenamiento […]

  5. […] a la espera de que quien tiene la última palabra en materia de derecho constitucional pueda definir de manera concreta si ese artículo 35 de la ley 1306-bis soporta el test de […]

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